
Hay derrotas que trascienden el resultado. La sufrida este fin de semana por Chris Byrd pertenece a esa categoría. El estadounidense, uno de los pesos pesados más activos de comienzos de siglo y antiguo campeón mundial con varias defensas exitosas, regresó al ring a los 55 años y fue noqueado en el primer asalto por Anthony Welsh durante una velada celebrada en Zambia. La imagen del veterano recibiendo castigo contra las cuerdas ha generado una profunda tristeza entre los aficionados al boxeo.
Byrd, retirado del boxeo profesional desde 2009, aceptó medirse a un rival 27 años más joven en un combate por un título menor. Desde los primeros compases quedó claro que el tiempo no perdona a nadie. Sin la velocidad de piernas, los reflejos y la defensa que le hicieron famoso, el estadounidense fue derribado y terminó acorralado hasta que el árbitro decidió detener el castigo. La escena resulta especialmente dura para quienes recuerdan al Byrd de sus mejores años. Pese a conceder muchos kilos a la mayoría de los pesos pesados de la época, compensaba esa desventaja con una técnica exquisita y un estilo escurridizo que desesperó a algunos de los mejores boxeadores del mundo. En su palmarés figuran victorias sobre Evander Holyfield, David Tua o Vitali Klitschko, además de combates frente a nombres como Wladimir Klitschko.
Hace unos años, Byrd ya había insinuado la posibilidad de volver a competir tras perder peso y asegurar que seguía sintiéndose en condiciones de boxear, algo que ya hicieron recientemente otros pesos pesados como Ike Ibeabuchi, (que noquease a Byrd en 1999). Aquellas declaraciones parecían haber quedado en el olvido, pero finalmente regresó al ring dieciséis años después de su retirada. El desenlace, sin embargo, ha reabierto un debate tan antiguo como el propio boxeo: hasta qué punto deben permitirse este tipo de regresos cuando la edad y el desgaste hacen imposible competir en igualdad de condiciones.
Más allá del resultado, lo ocurrido en Zambia deja una sensación amarga. Chris Byrd ya había escrito hace tiempo su legado sobre el ring. Fue campeón, derrotó a algunos de los mejores pesos pesados de su generación y demostró que la inteligencia podía imponerse al físico. Por eso, cuesta no pensar que el boxeo habría preferido recordar al elegante campeón que frustraba a gigantes sobre el cuadrilátero antes que al veterano de 55 años que este fin de semana volvió a comprobar que, por desgracia, el tiempo siempre termina siendo el rival más difícil de vencer.






