Darío Pérez
@Ringsider2020

Sábado por la mañana en España, boxeo. Una maravilla para el aficionado, porque Nueva Zelanda acogía una buena velada de Matchroom, encabezada por el derbi local entre los muy estimables pesos pesados Joseph Parker (28-2, 21 KO) y Junior Fa (19-1, 10 KO). El ganador, con ambos bien clasificados en listas mundiales, quedaría a un paso del mundial de la categoría, título que ya ostentó Parker en su versión WBO. Para añadir más alegría, el recinto presentaba un lleno con la normalidad que vive aquel país, superada la pandemia con éxito y sin rastros de mascarillas ni distancia social; ojalá pronto sea extensivo a Europa.

Parker y Fa salieron con cautela, a estudiar a su rival y no cometer un error que les hiciera perder la pelea por una mano en frío. Los asaltos iniciales fueron igualados, con muchos agarres y poca continuidad en las acciones, aunque Parker parecía imponer su mejor técnica boxística y controlar el ritmo de las hostilidades. El combate era un poco plano, con pocas alternativas y un altísimo grado de tensión que, en parte, agarrotaba el desempeño de los púgiles neozelandeses. El árbitro se ganó su jornal en esta ocasión, teniendo que separar el clinch constante que buscaban, sobre todo Junior Fa ante los arreones de Parker, más habituales. Ya en los últimos rounds, Fa presentaba una hemorragia en un lateral del ojo que, en todo caso, no cambió nada el tempo tedioso del combate visto en las antípodas, decepcionante a nivel espectáculo para los espectadores. Finalizaron los doce asaltos y tocaba escuchar las puntuaciones, con varios asaltos, debido a la inacción, complicados de evaluar; estas fueron, favorables a Joseph Parker, 115-113, 117-111 y un extrañísimo 119-109.

En los combates previos, el peso crucero David Nyika (1-0, 1 KO) debutó con victoria en el primer asalto ante Jesse Maio (3-1, 1 KO), en un pleito parado precipitadamente por el árbitro ante el abucheo del respetable. También en los cruceros, Nikolas Charalampous (19-3-1, 9 KO) y Panuve Helu (12-2-2, 11 KO) empataron en un combate con muchas alternativas y puntuaciones de 56-58, 58-56 y 57-57.

Finalmente, como semifondo del choque principal, vimos al enorme y veteranísimo peso pesado Julius Long (18-25-1, 14 KO) contra Hemi Ahio (18-0, 12 KO), combate atractivo para el público por lo exótico de un púgil de 2’15 metros de altura. Y, con esa altura, envergadura y experiencia, Ling mandó a la lona al favorito, Ahio, en el cuarto asalto, aunque el caído se levantó eufórico, levantando los brazos. Nunca lo habíamos visto. Fue una pelea en la corta distancia, de poder a poder, paso que será de gran aprendizaje en la carrera de Ahio. Hubo asaltos en los que Long se movía menos que la Mona Lisa; no salía de las cuerdas y esquinas, desesperando a un Ahio que se veía obligado a ir a la cita-trampa del curtido grandullón. Finalmente, tras siete asaltos y muchísimo castigo acumulado (hizo de la defensa facial un arte), Julius Long acabó cayendo al suelo totalmente desvencijado. Ya no quiso, ni pudo, ni le dejaron en la esquina levantarse.