Hace apenas unos días, Austin Trout volvía a convertirse en protagonista por unas declaraciones demoledoras contra el boxeo profesional. La antigua estrella del peso superwélter (campeón regular de la WBA y varias veces aspirante a los títulos absolutos) mostró su profundo desencanto con el deporte que le dio la fama y cargó contra el funcionamiento de los organismos y el valor actual de los cinturones. Apenas unos días después, el estadounidense ha vuelto a ser noticia por un motivo muy distinto: una durísima derrota por nocaut en Bare Knuckle Fighting Championship (BKFC) que le costó el campeonato del peso wélter.

Trout, de 40 años, cayó este sábado en el segundo asalto ante el británico Ben Bonner tras recibir una potente derecha que le dejó tendido sobre la lona. El árbitro detuvo inmediatamente el combate y el estadounidense tuvo que ser atendido antes de abandonar el recinto por su propio pie. Más tarde tranquilizó a sus seguidores al confirmar que las pruebas médicas no habían detectado daños de consideración.

Las palabras de Trout durante la promoción del combate habían llamado especialmente la atención por su contundencia. El estadounidense no escondió el resentimiento que arrastra desde el final de su etapa en el boxeo profesional y llegó a afirmar: «Estoy muy desencantado con el boxeo. Como deporte, se puede morir de una manera terrible, y todos los cinturones pueden morir con él, que no me importará nada».

Según explicó, su crítica no iba dirigida al boxeo sobre el ring, sino a la industria que lo rodea. Considera que los campeonatos mundiales han perdido gran parte de su prestigio y que el mérito deportivo ha quedado demasiado condicionado por la política de los organismos y los intereses comerciales. La dureza de sus declaraciones sorprendió especialmente por tratarse de un boxeador que alcanzó la élite… aunque su mayor éxito también estuvo ligado al sistema que ahora cuestiona.

En 2012 derrotó a Miguel Cotto en Nueva York para conquistar el cinturón regular superwélter de la WBA, mientras Floyd Mayweather era el campeón absoluto de la división. Es decir, también se benefició de la política de múltiples campeones que hoy critica y que tantos aficionados consideran perjudicial para este deporte. Durante su carrera compartió ring con figuras como Saúl «Canelo» Álvarez, Erislandy Lara o los hermanos Charlo, consolidándose entre los mejores superwélter de su generación. Sin embargo, su reflexión fue todavía más lejos: «Quiero que se muera el boxeo. Sí, estoy lleno de odio y maldad».

Su etapa en BKFC, en cambio, estaba siendo un éxito. Había enlazado cinco victorias consecutivas y conquistado el título del peso wélter, demostrando una notable adaptación a la disciplina. Ben Bonner, sin embargo, puso fin a ese reinado con un contundente nocaut. Es desenlace deja un inevitable contraste: apenas unos días después de protagonizar uno de los alegatos más duros que se recuerdan contra el funcionamiento del boxeo profesional, Austin Trout perdió el cinturón que había encontrado en su nueva carrera. Una semana difícil de olvidar para un boxeador que, dentro y fuera del ring, nunca ha tenido miedo de decir lo que piensa.