TELEBOXEO II
La segunda Parodia Clay-Liston (Miami.-25 de mayo de 1965. Cassius Clay vence por k.o. en el primer asalto a Sonny Liston)
Comentario
El boxeo ha sufrido el k.o. más humillante de su existencia. Protagonistas, un púgil parlanchín, un alucinado, un hombre custodiado por doscientos policías estratégicamente escabullidos entre los 4.280 espectadores ubicados en el Centro Juvenil de Maine; un boxeador que antes de subir al ring suscribió una póliza de seguro de vida por valor de un millón de dólares, que todo el mundo conoce por Cassius Clay, pero que el “speaker” oficial de la contienda anunció pomposamente como “Mohamed Alí”, nombre que llevaba bordado en su batín, atestiguando ser miembro de la secta de los Musulmanes Negros, rival del asesinado Malcom X...El rival era otro púgil de color, con apariencia de paquidermo, de 1,85 de estatura, 99 kilos de peso , 44 centímetros de bíceps y un tórax expandido de un metro dieciocho centímetros, que antaño había cumplido prisión y que se había erigido campeón mundial de los grandes pesos al noquear en dos minutos y seis segundos a su compatriota Floyd Patterson. Dos auténticos casos psicológicos; dos grandes comparsas del cuadrado de la violencia reglamentada, con ritmo de marionetas accionadas por los pocos secuaces que aún quedan de Al Capone.
Clay hace declaraciones en verso y , además, no le importa salir a la calle provisto de un lazo y un tarro de miel “para cazar al oso mister Liston. Sonny es cauteloso, de labios sellados para declaraciones sensacionalistas; es el augusto del circo, el “punching-ball” humano, estoico a soportar los más catalogados insultos. Es parte del programa.
Un programa nunca visto donde ochenta millones de personas lo escucharán por radio en los Estados Unidos y, seiscientas mil, acudirán a 258 salas de espectáculos especialmente habilitadas en Norteamérica y Canadá para presenciarlo en televisión en circuito cerrado. Estos comparsas con guantes de seis onzas y vendajes duros harán famosos al satélite “El Pájaro del Alba”, que se encargará de difundir el show a millones de personas en Gran Bretaña, Europa continental, Méjico, Africa... Dicho combate, en cifras, será de pesadilla para todos los contables del mundo: ingresos por televisión, 216 millones ; derechos de radio y otros en el extranjero, 30 millones; ingresos en taquilla, un millón doscientas mil; “bolsa” para cada púgil, 36 millones... El gran Barnum volvería a la tumba si estableciera una comparación con aquellos alardes publicitarios de los años 39 con este. Todo el mundo estará pendiente de este enfrentamiento, a pesar de lo ocurrido en la primera confrontación. El hombre, no cabe duda, es el único animal que tropieza dos veces con la mis piedra.
Los cameramans de cine y televisión eran como abejas en torno a esta extraña colmena cuadrada. El “speaker” era tenor que cantaba desde el centro del “ring” el prólogo de la ópera más cara de la historia., sin tener a la Callas como primerísima figura. Cassius Clay tenía tantos “segundos” y consejeros en su rincón como dedos en manos y pies. Sonny Liston era “La Cenicienta” de la comedia, de cara compungida, triste, pausados movimientos y mirada eternamente melancólica. ¡Qué dos grandes actores perdió el Séptimo Arte! ¿Es posible que Elia Kazan esté buscando todavía sustitutos a sus Marlon Brando, Montgomery Clift y Paul Newman?
Y comenzó “aquello” Clay era el estilista, el púgil del rápido picotazo de izquierda; el boxeador saltarín y habilidoso, que mariposeaba en torno al descomunal Liston , con suprema tranquilidad, manteniendo sus puños a la altura del ombligo. Pero sus impactos no inmutaban al ex-presidiario . Sus golpes no desplazaban ni un centímetro al que noqueó a Patterson con la misma facilidad con que se corta mantequilla con un cuchillo al rojo vivo. Cassius Clay, salvando las distancias, claro está, era algo así como el tinerfeño Tony Falcón. Boxeaba con el mismo estilo del isleño: abierto, alegre, saltando sobre las puntas de las zapatillas, brindando el rostro...Sonny, boxeador frontal, era de extremada lentitud. Nunca se batió en retirada. Es más, fue quien llevó la escasa iniciativa.
¡Qué pésimo les salió el estudiado desenlace! Aquel impacto de derecha que Clay proyectó a los cincuenta segundos en el rostro de Liston no haría retroceder el vuelo de una mosca. Pero derribó a una anatomía de 99 kilos. Fue un derechazo con el brazo en ángulo, a la corta distancia, sin apoyo ninguno, porque Clay nunca dejó de “bailar”. Fue impacto de “rabbit-punch”( golpe de conejo), dado de arriba-abajo, una especie de “hook” inglés muy mal efectuado; reglamentario, eso sí, por ser proyectado en zona normal. Nada de golpe de karate, como se dijo, ni mucho menos aún “maravilloso”, como opinó Ingemar Johansson, desde Suecia. Fue un golpe excesivamente ingenuo que la cámara lenta convirtió en vergonzoso por las consecuencias que ha traído. El 7 de septiembre de 1954, en Detroit, un púgil llamado Marty Marshall le fracturaba la mandíbula a Sonny Liston. Y Liston se mantuvo en pie, perdiendo el combate por puntos. Ahora ha caído al encajar un mal bofetón...
El ex campeón mundial de los pesos pesados, Joe Jersey Walcott no destacó en su cometido de árbitro. Su intervención no pudo ser más desacertada. Se vio impotente para enviar al rincón neutral a Clay, mientras Liston estaba tendido en la lona. Nunca inició el protocolo de los diez segundos reglamentarios. El cronometrador oficial fue, al fin de cuentas, quien determinó el k.o.
Lo dicho: el boxeo universal ha sufrido el k.o. más humillante de su historia.
Antonio Salgado |