LA TRIBUNA


ANÉCDOTAS PUGILÍSTICAS

Ya en otoño, terminando septiembre uno se acuerda que este mes siempre fue negativo para uno de los más grandes boxeadores de todos los tiempos: Jack Dempsey. Del Martillador de Manassa se han escrito millones de páginas y más que se seguirán editando en todos los medios de comunicación, porque Dempsey fue excelente dentro y fuera del ring. De todo lo leído del señor Jack, uno guarda una perfecta definición suya escrita por el admirado Julio César Iglesias, en “El Pais” el 2 de junio de 1983, comentando su combate ante Willard: “No medía más allá de 1,80 metros, ni pesaba más de 85 kilos. Pero tenía los belfos apretados, las sienes estrechas, el colmillo retorcido, un brillo de perro rabioso en los ojos, un cogote plano como una lápida y la acometividad seca y agrupada de las jaurías. Planteó el combate contra Willard como se planearía la demolición de un gran edificio, sólo que al revés; él empezó por abajo. Pasados algunos asaltos, el ex campeón era un montón de escombros, una pura ruina, y había llegado la hora Dempsey y la época de los acorazados de bolsillo”.

Decíamos que septiembre nunca fue favorable para el Martillador de Manassa porque en ese mes a lo largo de su carrera le infligieron tres de sus seis derrotas, una con el discreto Willie Meehan y las dos tan sonadas con Gene Tunney; y además, un 14 de septiembre de 1923 disputó con el argentino Firpo una impresionante pelea de controvertida decisión, la cual merecerá la pena recordarse.

Uno de los hechos que más han conmovido al deporte argentino en toda su historia fue el combate que tuvo por protagonistas a Jack Dempsey y al argentino de madre española Luis Angel Firpo, primer hispano que disputaba el título mundial de los pesos pesados. En el primer asalto el argentino impactó tan violentamente su fuerte derecha en el rostro de Dempsey, que éste salió despedido por entre las cuerdas del ring cayendo sobre las mesas de los periodistas yanquis, quienes le ayudaron a subir nuevamente al cuadrilátero sin que el árbitro, Jack Gallagher, iniciara la cuenta reglamentaria pese a las sonoras reclamaciones del público, unos 80.000 espectadores que asistieron al estadio Polo Grounds de Nueva York. Ochenta y tantos años después los buenos aficionados al boxeo todavía rememoran la infeliz actuación arbitral, pese a que en el siguiente asalto Firpo caería definitivamente ante los poderosos golpes del Martillador de Manassa, que retenía injustamente un título que –si el árbitro cumpliese su deber- aquella noche debiera irse para Argentina.

Jack Dempsey fue favorecido descaradamente por la tardanza en iniciar el conteo reglamentario ante Firpo. Pero varios años después, ¡también en septiembre!, él fue perjudicado cuando disputó el llamado combate de la cuenta larga con Gene Tunney, con éste derribado y noqueado, un nervioso Dempsey no obedeció la norma de irse a un rincón neutral durante la cuenta, lo que obligó al árbitro a interrumpirla e iniciarla nuevamente mientras los segundos transcurrían en beneficio del magnífico Gene Tunney.

Estas son anécdotas contenidas en la historia del boxeo, que podíamos titular “Jack Dempsey en septiembre”…

CIFRAS Y LETRAS

Es bueno que un programa cultural de tanta audiencia y larga trayectoria como este que podemos presenciar diariamente en Telemadrid haya dedicado uno de sus espacios a nuestro deporte lo cual uno agradece profunda y sorprendentemente, la verdad. Ocurrió el 23 de agosto pasado. Los profesores Antonio Elegido y Sheila Izquierdo, con el presentador Goyo González cumplieron tal temático muy bien documentados, hablando de boxeo en plan positivo, lo que debe agradecerse. Ah, pero como el mejor escribano suele tener un borrón, el bueno de Goyo con su proverbial elocuencia soltó un pecaminoso regüeldo cuando textualmente dijo: “Tyson le pega un mordisco a Foreman y le arranca una oreja”. Quede como anécdota. Yo le disculpo su error, porque sí me ha demostrado que quiere a nuestro deporte y sabe más de él que el locuaz Jaime Lissavetzky.

Rubén Moralejo Alcántara



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