TELEBOXEO XXIV: ARCARI-SOMBRITA
UN ESTÓMAGO DE ALGODÓN
(San Remo 13 agosto de 1969. Bruno Arcari vence por k.o. en el 6º asalto a Juan Albornoz “Sombrita”. Campeonato de Europa de los pesos superligeros.)
Unos músculos abdominales fuertes y unas paredes resistentes son tan necesarios al boxeador como la armadura a un tanque. Las regiones centrales del cuerpo resultan muy vulnerables a los golpes del contrario y, por regla general, constituyen un objetivo macizo y estacionario. Tras estos músculos se encuentran muchos órganos sensibles que han de ser protegidos. Un estómago débil puede provocar la caída del mejor boxeador. Un fuerte impacto al estómago ocasiona lesiones internas a un abdomen en malas condiciones o deja sin respiración al combatiente, que queda indefenso durante algún tiempo.
Después de observar las evoluciones de “Sombrita” en el ring instalado en aquella caldera llamada “Teatro Ariston”, de San Remo, nos dimos perfecta cuenta de que su “retirada”, que la había anunciado a bombo y platillo, no era producto de situaciones fuera del ring sino una amarga comprobación de merma de facultades. Para ser un buen boxeador hay que contar con dos piernas y dos brazos resistentes y poderosos; sin embargo, la cabeza es el factor más importante para poder llegar a ser boxeador. Y por eso “Sombrita”, siempre más cerebral que temperamental, comprobó, antes de medirse con Bruno Arcari, su delicada situación. Y tuvo que darse cuanta allá, en la idílica localidad de Tecina, en la isla de La Gomera donde, según nos dijeron, sentenció aún más su coyuntura, no sometiéndose al entrenamiento exigido. Y para ocultar su momento, para no descubrir su deficitario estado, hizo lo que jamás le habíamos visto: vaticinar una victoria por fuera de combate sobre su rival; decir que le tendrían que sacar en camilla antes de perder; que le tendrían que desprender la cabeza antes de ser derrotado…
Producía remordimiento comprobar que “Sombrita”, aún con merma de sus facultades físicas, lógico bagaje de su empacho de calendario, pudo haberse erigido con la victoria de tener un poco más de responsabilidad y respeto en sus entrenamientos. Porque, de eso no hay duda, iba dominando a su adversario; con una impecable izquierda hizo volar el protector bucal del italiano y de formidable derechazo había dañado el superciliar antagónico, uno de los principales hándicaps del campeón de Europa, que al verse herido, al pensar que su brecha cobrara caracteres de cuidado, forzó una riposta desesperada, yéndose a un alocado cambio de golpes, donde se pudo comprobar su falta de precisión, su escasa veteranía, su bisoñez, evidenciada en aquel golpe de revés- que prodigan los amateurs incipientes- en el quinto round.
Más desesperación- dentro de su aparente tranquilidad- tenía el tinerfeño, que descubría el título en bandeja, pero que no podía alcanzarlo por ¡oh, paradoja del destino! su falta de fuelle, por debilitamiento en sus piernas, por fragilidad en un abdomen que empezó a dar entrada a los zurdazos que en la corta distancia le enviaba su recortado adversario.
“Sombrita” había boxeado con su habitual técnica. Pero una técnica carente de los reflejos de antaño; con una técnica pesada, sin precisión, que le hacía perder su erguidez sobre el cuadrilátero. Siempre supo boxearle a un zurdo como Arcari, rotándole al lado derecho. En el quinto asalto, con el mencionado superciliar lesionado, al isleño se le abrían metas esperanzadoras porque Bruno Arcari, con la obligada táctica de resguardar la zona maltrecha, tenía necesariamente que anular su izquierda, su arma mortífera, pero…
No; no fue un k.o. sorpresivo. Fue un fuera de combate que comenzó a fraguarse en los últimos minutos del quinto round, donde el titular continental había hecho blanco en el estómago del aspirante. “Sombrita” se había doblado como una bisagra. ¿Dónde estaba la izquierda, la famosa izquierda de “Sombrita” para mantener en la distancia a aquel pugilista de menor envergadura; dónde estaban aquellos desplazamientos que hicieron vibrar de entusiasmo a los espectadores que en noches triunfales se apiñaban en el mudéjar coso taurino de Santa Cruz de Tenerife..?
Ni izquierda, ni desplazamientos. Era fácil el trabajo de demolición para el trasalpino. Uno, dos, tres zurdazos. Al encajar el último, “Sombrita” fue a la búsqueda del clinch pero antes de abrazarse a su rival cayó desplomado, convirtiendo su cuerpo en rodillo sobre la lona, retorciéndose de dolor ante un golpe para él totalmente desconocido hasta la fecha. A quien se le distinguió como “mandíbula de cristal”, descubría ahora un “estómago de algodón”, producto no ya de los años sino de la poca responsabilidad y respeto hacia unos entrenamientos, flaca compensación a unas encomiables ayudas, que Dios quiera sigan prodigándose en otros ilusionados pugilistas.
Antonio Salgado Pérez
ansalpe38@hotmail.com
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