LA TRIBUNA



HISTORIA DEL DEPORTE: MILO DE CROTONA


La historia en muchas ocasiones deriva en leyenda, cuando se duda de su veracidad o directamente se conoce exagerada. Pero es innegable la belleza de esas leyendas que a menudo sirven de deleite para el paladar de nuestro cerebro cuando leemos un texto histórico. Pues bien, el deporte también forma parte de la historia y por tanto también tiene sus mitos y leyendas. Y que mejor sitio para encontrarlas que en la Antigua Grecia. Y no voy a hablarles de animales fantásticos, pero si de hombres que lo parecían. Uno de ellos fue el gran Milo de Crotona . Fabuloso luchador natural de Crotona, colonia griega situada al sur de la península itálica. Uno de los más legendarios atletas del mundo antigüo, que se impuso en seis ediciones consecutivas: la primera vez en lucha para jóvenes en la 60ª Olimpiada del año 540 a.C., y cinco seguidas posteriores de la 62ª a la 66ª . En su última participación, el año 512 a.C. tendría unos cuarenta años cuando fue derrotado tras 26 años de éxitos. Su rival le ganó por agotamiento no por victoria arrolladora.

Fue famoso por su legendaria fuerza y por su gran apetito. Le encantaba mostrar su fuerza sin igual. Nadie era capaz de sacarle nada de su mano cerrada, como ejemplo usaba muchas veces una granada, no sólo no se la quitaban sino que además no rompía la fruta. Otras veces se colocaba sobre un disco de hierro engrasado y desafiaba a que alguien fuera capaz de bajarle de él. Según cuentan llegó a cargar un buey sobre su espalda, recorrer unos cien metros, matarlo de un puñetazo, y comérselo entero. Este ejercicio parece ser que fue el que le permitió alcanzar tal fuerza, ya que dice la leyenda que cuando era niño cargó a un cordero lechal recién nacido hacia una granja y desde entonces hizo lo mismo hasta que el buey era adulto. También tuvo su carrera bélica, en una ocasión en que una ciudad enemiga atacó Crotona, Milo se vistió como Hércules, con la piel de león, y sus coronas olímpicas y blandiendo un palo llevó a la victoria a sus conciudadanos. Milo salvó al filósofo Pitágoras de morir aplastado cuando un día se derrumbó el techo de la estancia donde se encontraban. Fue capaz de sostener el pilar central hasta que todos los presentes pudieron escapar. También se dice que se casó con la hija de este.

Milo demuestra cómo los deportistas olímpicos de la época formaban parte de la clase poderosa, y como tales mandaban en las batallas, se codeaban con sabios y mandatarios y contaban con todo tipo de privilegios además de ser amados por sus vecinos. Su trágico final acabó por convertirlo en una leyenda. Gracias a su fuerza descomunal era capaz de arrancar árboles con sus propias manos, pero en una ocasión tuvo mala fortuna. Encontró un viejo tronco de árbol con calzas insertadas en él. Para probar su fuerza introdujo sus manos y quizás los pies en la hendidura consiguiendo apartar la madera, pero el tronco atrapó sus manos y quedó indefenso ante el ataque de unos lobos, que le devoraron. Las imágenes de su muerte han sido representadas por muchos artistas y forman parte de todo tipo de simbologías. Por mi parte decir que me causan admiración este tipo de historias y me divierte pensar que este hombre pudiera existir tal y como se le recuerda.

Mariano Pleguezuelos



 


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