OPINIÓN

DIRECTO AL PLEXO  
por Emilio Marquiegui

 



"ROCKY BALBOA, RISAS DE MÁS DE UNA HORA "


La última de la saga, “Rocky Balboa” es para partirse. Hacía tiempo que no me reía tanto viendo una película. Desde Groucho y Harpo Marx no se hacía un film tan hilarante.
La verdad es que nunca las películas de Rocky fueron mis preferidas, ni mucho menos, principalmente debido a que las escenas de combate eran tan parecidas a la realidad como un partido de fútbol de Oliver y Benji. Y para que las películas de este estilo tengan cierto éxito se pide que sean algo reales. Pero lo de la última de la saga es estrambótico.
Un ex campeón del mundo casi sexagenario se le ocurre volver al boxeo, no por dinero, no por volver a ser campeón, no, solo por querer jugarse la vida inexplicablemente. Pero no vuelve como Foreman, por ejemplo, haciendo combates de rodaje, no, de pronto, sin más entrenamiento aparente que el servir las mesas en su restaurante, dedicarse a golpear a unas desolladas vacas en un matadero, y levantar pesas, con ello ya está en forma para enfrentarse al campeón del mundo imbatido y con un porcentaje de Kos como para pensarse hasta el pedirle un autógrafo.
El argumento tendría cierta lógica si Balboa, demostrando el bajo nivel actual del peso pesado, ganara algunas peleas a ciertos jóvenes rivales de entidad, y asaltara históricamente el título de los pesados, en plan el abuelo ante su nieto. Pero como el guionista Stallone intuye que eso huele a historias reales y recientes que recordamos, se inventa un combate de exhibición, algo más creíble supone, entre las dos generaciones. Normalmente los combates de exhibición suelen ser una actuación entre dos púgiles en los que se llegan con algunos golpes, mezcla de técnicas, de estilos, y poco más. Pero aquí ya llega el no va más.
El sesentón sale al ring a darse una paliza con el tremebundo noqueador, treinta años más joven y con una pegada para derribar a dos Rockys de un puñetazo. Un combate de exhibición que suele ser un pactado encuentro de técnicas, con buena dosis de calma y de espectáculo, se convierte en una carnicería donde para el campeón del mundo, (hace el papel el real púgil Antonio Tarver), podría suponer un mero entrenamiento, pero para Rocky puede suponer a ese ritmo de combate un viaje al cielo. En fin, que tras unos intercambios brutales, (lo único bueno y bien hecho esta vez de la película), Rocky se lleva un palizón y se va a la lona, pero lo de desternillarse es ver a su familia, su hijo, su novia, animando al carcamal a que se levante y siga combatiendo, pero...¿para qué?, ni va a ser campeón, ni va a ganar más dinero ni fama, y se puede quedar como Stephen Hawking, pero en tonto.
¿Alguno se imagina a su padre con sesenta años siendo vapuleado en esas condiciones ante un joven Tyson o ante un Foreman de sus mejores tiempos? Coño, le dices a tu padre: “Papá, que sí, que eres un campeón, pero vas a palmar. Anda, levántate y vámonos a casa, que tienes la próstata hecha unos zorros.”
De risa. Al final, aguanta los asaltos, se lleva una paliza, demuestra que ha resisitido a un jovenzuelo, y ya está. Lo de los Reyes Magos es más creíble.
En resumen, película con un guión de ciencia ficción, que podría competir con garantías ante “Yo hice a Roque III” de los míticos Pajares y Esteso (por cierto, Elio Guzmán en su mínimo papel en Roque III, mejora la actuación de alguno de los actores de Rocky).
Bueno, y ahora se estrenará la última película de Rambo. Veremos qué nos prepara el vejestorio Rambo (que ya de verdad no siente la piernas, pero ninguna de las tres...)

 

 
 

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