JOE FRAZIER
Homenaje a un fajador incansable
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Joe Frazier ha sido toda su vida un guerrero, un fajador, un hombre acostumbrado a pelear en las más duras situaciones. Le recordamos por la fiereza y la intensidad con las que se empleaba en la batalla y por sus memorables combates. Sin duda uno de los más grandes pesos pesados de la historia, que tuvo que abrirse camino precisamente en la mejor época que jamás haya tenido esta categoría. Fueron los años dorados de esta división, con los mejores campeones, los mejores aspirantes y los mejores contendientes. Una época en la que las tres personas más importantes y conocidas del mundo eran el presidente de los Estados Unidos, el Papa y el campeón del mundo del peso pesado. Sin embargo, su grandeza ha quedado siempre marcada por la alargada sombra de El más Grande, de Muhammad Alí. Un fantasma que ha perseguido a Frazier incluso mucho después de retirarse del boxeo. Pero los verdaderos amantes del noble arte jamás podrán olvidar a este duro peleador, de movimiento permanente, de entrega sin límite; un boxeador de presión, un Rocky Marciano negro, con sus frenéticos movimientos de cintura y con un demoledor e irrepetible croché de izquierda.
Joe Frazier nació pobre, muy, muy pobre, en Beaufort, en el estado de Carolina del Sur. Era el más joven en una familia de 13 hermanos. Cuatro de ellos murieron antes incluso de que Joe viera la luz por primera vez en 1944. Su padre, Rubin, trabajaba en una plantación a pesar de que poco antes de que naciera Joe, había perdido su brazo izquierdo por una herida de bala. Estaba claro: la vida de Joe Frazier no iba a ser fácil.
A los ocho años ya trabajaba junto a su padre en la plantación. Agotadoras jornadas de doce horas. El pequeño Joe se convirtió en el brazo izquierdo que le faltaba a su progenitor: "Si mi padre llevaba el martillo, yo tenía que sujetar el clavo".
En una casa sin teléfono y sin agua corriente, la vida no era sencilla el joven Joe, que soñaba ya con ser boxeador y con seguir los pasos de su ídolo, el gran Joe Louis, el Bombardero de Detroit. Con tan sólo diez años lo tenía claro: iba a ser campeón del mundo.
Pero en Beaufort no había gimnasio de boxeo. Joe se fabricaba sus propios sacos, los rellenaba de hojas y musgo y los colgaba de un árbol. Cualquier tiempo libre que tenía el pequeño, lo empleaba en golpear el saco con machacona insistencia. Y en esa época infantil sufrió un accidente. Tras una caída huyendo de un perro, se lesionó en su brazo izquierdo. Pero los Frazier no tenían ni tiempo ni dinero para ir al médico. La lesión se curó mal y desde entonces Joe fue incapaz de extender completamente el brazo, que se quedó como doblado. Era una señal, todo un presagio. Su celebérrimo brazo izquierdo parecía quedarse con la forma ideal para lanzar su más terrorífico y temido golpe, el croché de izquierda.
A los dieciséis años Joe Frazier ya se había casado con Florence, su amor desde niño y la joven pareja decidió emigrar. El destino final sería Filadelfia, una ciudad llena de oportunidades. Por 75 dólares a la semana empieza a trabajar en un matadero.
Tenía tendencia a engordar y además una gran pasión por el boxeo. Dos buenas razones para que en Filadelfia se acercara al gimnasio. Allí conocería a una figura clave en su vida. Mánager, entrenador y amigo: Yank Durham. El veterano sabio vio rápidamente el potencial que tenía Frazier y le recomendó que se lo empezara a tomar en serio, que tenía futuro.
Y a pesar de que apenas superaba el 1'80 de estatura y de su pequeña envergadura, a Joe no se le daba nada mal el boxeo. Como amateur empezó a destacar. Su carrera era ascendente y hasta entonces sólo un rival había sido capaz de derrotarle. Su nombre, Buster Mathis.
Se acercaban los juegos olímpicos de Tokyo 64 y Frazier era candidato a formar parte del equipo americano. Llevaba ya 39 combates amateur y sólo había perdido uno. Y ahora tendría que disputar una eliminatoria final precisamente ante el único púgil que le había derrotado, Buster Mathis. El combate fue muy apretado pero Mathis ganó de nuevo. Sería él el representante americano en los juegos.
Sin embargo, un golpe de suerte - ¡por fin!- cambió la vida de Joe Frazier. Buster Mathis ganó el combate eliminatorio pero se fracturó el dedo pulgar. La lesión era seria y finalmente se decidió que no estaba en condiciones de ir a la gran cita . Su lugar en el equipo americano para Tokyo 64 lo ocuparía Joe Frazier, que realizó un torneo excepcional y acabó logrando la medalla de oro tras derrotar en la final al alemán Hans Huber. Una medalla olímpica de un grandísimo mérito, especialmente porque después se supo que había boxeado desde los cuartos de final con una fractura en su mano izquierda.
Y Joe Frazier llegó a Filadelfia con su brillante medalla de oro. Pero tuvo que emplear el poco dinero que tenía en la operación de su mano. Y ahí estaba Joe, con mujer, tres criaturas que alimentar, el brazo en cabestrillo, sin dinero y sin ingresos, sin poder trabajar. Cuando las gentes de Filadelfia conocieron esta lamentable situación, empezaron a mandarle a la familia Frazier paquetes con ropa y comida. Gracias a ellos pudo subsistir.
Solo cabía una salida. Joe Frazier sería boxeador profesional. Recibió el apoyo de un grupo de inversores, Cloverlay Inc, que junto a Yank Durham dirigirían su carrera. Y su ascensión fue meteórica. Precisamente en Filadelfia, la ciudad dónde el boxeo es más duro y más auténtico, la ciudad donde si uno triunfa, lo hace después del más duro proceso de selección natural.
Frazier, bajo y bracicorto, adopta un estilo parecido al de Rocky Marciano, pero mucho más dinámico, con presión, con continuos movimientos de cabeza y cintura y una izquierda, el brazo que jamás pudo extender totalmente, que hacía auténticos boquetes, arriba y abajo. Además era duro, valiente y decidido. En sus primeros veintiocho meses de profesional, Frazier derrota a diecinueve rivales. Diecisiete cayeron antes del límite. Uno de los que aguantaron hasta el final fue el temible argentino Oscar “Ringo” Bonavena, que incluso llegó a derribar en dos ocasiones a Joe. Pero el valiente púgil de Filadelfia fue capaz de levantarse y ganar a los puntos en un combate de excepcional dureza. Poco más tarde, Frazier derrota también al peligroso canadiense George Chuvalo.
Por entonces el mejor peso pesado del mundo, el campeón indiscutible es Muhammad Ali, que se encuentra en su mejor momento y parece invencible. Pero su negativa a ir a la guerra del Vietnam le supone la retirada de la licencia. A Alí le quitan el título, le retiran del boxeo, y tiene que pasarcasi cuatro años, los que hubieran sido sus mejores años deportivos, alejado del boxeo. El peso pesado se queda huérfano.
La todopoderosa Comisión Atlética de Nueva York , junto a otros estados, ordena que el campeonato vacante lo dispute el imbatido Joe Frazier. Su rival será un viejo conocido: Buster Mathis, el único hombre que le había derrotado, y además en dos ocasiones, en el campo amateur. El boxeador cuya lesión propició que Frazier fuera a los Juegos Olímpicos. Sus caminos se cruzan de nuevo para disputar la corona del peso pesado. Pero si Mathis ganó dos veces de amateur, esto era boxeo profesional. Otra historia. Joe Frazier pone fuera de combate a su rival en el undécimo asalto y medio mundo le proclama Campeón del peso pesado.
El otro medio, liderado por la WBA, entiende que el campeón es Jimmy Ellis, antiguo sparring y amigo personal de Ali, que salió ganador de un torneo eliminatorio. Frazier defiende su título cuatro veces hasta que por fin se pacta la ansiada unificación de coronas. Se mide a Jimmy Ellis y le derrota en cinco asaltos. Ahora si se le reconoce universalmente como campeón mundial.
Pero la sombra de Alí, que está en medio de una batalla legal para poder regresar al boxeo, le persigue. Su presencia eclipsa de alguna manera la de Frazier. Hasta que por fin el Tribunal Supremo le da la razón a Ali, quien tras más de tres años y medio de inactividad recupera la licencia. Todo queda preparado para el combate más esperado. Ali y Frazier, dos auténticos campeones, dos campeones olímpicos y dos tremendo púgiles imbatidos que se medirán el 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden. Un combate multimillonario que paralizó el mundo. El combate del siglo.
La contienda es de extremada dureza. Frazier boxea como un maníaco y a Alí le pesan los años de inactividad. Aún así el pleito está muy igualado. En el decimoquinto y último asalto de un combate infernal, Joe Frazier llega con su terrorífica izquierda a la mandíbula de Alí. Posiblemente uno de los golpes más tremendos y demoledores de la historia del boxeo. Ali se va a la lona. Finalmente, y de forma absolutamente increíble, Muhammad Alí, con su coraje, su tremendo encaje y su corazón de guerrero, consigue ponerse pie antes de que acabe la cuenta y logra llegar en pie al final del combate. Pero esta caída inclina finalmente la balanza en favor de Joe Frazier. Joe gana por puntos y, ahora sí, es el indiscutible campeón mundial del peso pesado. La primera derrota de Ali supone el más importante triunfo de Frazier. Los dos boxeadores acaban en el hospital. Ali con una lesión de mandíbula y Joe, absolutamente deshidratado y extenuado.
Pero tras dos defensas exitosas, Joe Frazier viaja a Jamaica para medirse a un boxeador emergente, una fuerza de la naturaleza que tiene un pasado parecido al suyo. George Foreman también fue campeón olímpico, también estaba imbatido y era una auténtica fuerza de la naturaleza. Aún así mucha gente dudaba del joven George porque los rivales a los que se había enfrentado no eran de nivel.
Pero esa noche en Kingston, Frazier conocería por primera vez la derrota como profesional. George Foreman se mostró demoledor. Parecía que manejaba a Frazier como un pelele. Cayó tres veces en el primer asalto y tres veces en el segundo. Los terribles golpes del fiero retador le levantaban del suelo, hasta que finalmente se detuvo el combate. Frazier perdió su corona y su condición de invicto. George Foreman es el nuevo rey.
La carrera de Joe Frazier se iba difuminando aunque aún le quedaban combates inolvidables. Quedaban dos más ante su sombra, su enemigo irreconciliable, Muhammad Ali. Para vender sus combates, Ali, de manera muy cruel se dedicó a ridiculizar a Joe. Le llamó de todo: feo, ignorante, gorila. Joe Frazier odiaba a Ali y su vida quedó marcada por esta circunstancia. Incluso protagonizaron una pelea en un estudio de televisión. Alí estaba jugando y actuando, Frazier no. Tuvieron que agarrarlo y llevárselo por la fuerza. Fue multado por el incidente.
Pero si Frazier ganó el primer combate, los otros dos fueron para Muhammad Ali. Y especialmente inolvidable fue el tercero, en 1975. En juego estaba el título que Ali, de forma sorprendente, casi milagrosa, había arrebatado a Foreman. Dos veteranos guerreros frente a frente en Manila, en Filipinas, dejándose el alma en unas infernales condiciones de humedad y temperatura. Ante la atenta mirada de la infame familia Marcos, Frazier y Ali se dejaron media vida en Filipinas. Un combate épico, tremendo, estremecedor, con dos veteranos titanes boxeando al límite.
El combate era igualado y de gran fiereza. El calor asfixiante y la humedad insoportable. Y el ritmo es infernal. Muhammad Ali vuelve a su esquina y le dice a su preparador Angelo Dundee: "esto es lo más cerca que jamás he estado de la muerte". Pero Ali aguanta.
El rostro de Joe Frazier se va inflamando. Sus ojos están muy hinchados y por ello ha perdido casi por completo la visión. Alí sabe que el ojo izquierdo de su temible rival está cerrado y que no ve sus derechas, y sigue castigando esa zona.
Al finalizar el decimocuarto y penúltimo asalto, la decisión aún no está clara. Pero el legendario preparador Eddie Futch ve que Frazier se está llevando peligrosamente todos los derechazos que le manda Ali. Frazier no ve nada pero quiere seguir en la batalla. Le pide a Futch que le de indicaciones y que él seguirá tirando golpes, aunque sea a ciegas. Pero el venerable Eddie Futch sabe que la salud de Frazier está en juego y decide parar el combate ante las protestas de su pupilo. Futch le dice: “Ya, está hijo, no puedes salir más, voy a parar el combate. Pero lo que habéis hecho hoy aquí vosotros dos jamás será olvidado".
El inolvidable Thrilla in Manila fue como un canto de cisne para estos dos colosos del boxeo. Ni Ali ni Frazier volverían a ser los mismos.
Joe Frazier, lo intentaría de nuevo en 1976 ante George Foreman, pero el tejano volvería a derrotarle con claridad en cinco asaltos en disputa del título de Norteamérica. Y ese fue el final de su carrera, salvo un combate aislado años más tarde.
Frazier dejó el boxeo activo y se dedicó a la música, su auténtica pasión. Nos hizo disfrutar con su soul setentero junto a su grupo, The Knocouts. Además invirtió en su gimnasio de Filadelfia en él que empezó a entrenar y a apoderar boxeadores. Entre ellos dos sobrinos y dos hijos. Uno de ellos, Marvis, llegó a enfrentarse a Larry Holmes y a Mike Tyson. Incluso su hija se calzó los guantes para medirse a la hija de Ali, de nuevo con resultado negativo para la familia.
La existencia de Frazier, un tanto resentido, siguió marcada por las mofas que recibió de su rival, de Muhammad Ali, pero aún así los aficionados le seguían reconociendo y admirando allá donde iba. Sus últimos años no fueron fáciles, teniéndose que fajar con problemas económicos y, sobre todo, con el terrible cáncer de hígado que finalmente acabó con su vida. Frazier fue un boxeador proletario, un fajador de la vida que se lo tuvo que trabajar desde abajo, con sudor y sacrificio. Y fue campeón en la época en la que coincidieron los mejores pesos pesados de todos los tiempos. Uno de los grandes protagonistas de una era irrepetible. Smokin' Joe fue sin duda uno de los más grandes de la historia. Un campeón de verdad.