RAY ARCEL,
EL PROFESOR DEL RING- II PARTE
Uno de los grandes preparadores
de todos los tiempos
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En nuestro último artículo les contamos la historia de uno de los más grandes personajes de la historia del boxeo, el preparador Ray Arcel, un judío criado en Nueva York que sin una gran experiencia como boxeador acabó convirtiéndose en el preparador más prestigioso y admirado del mundo.
En el Gimnasio de Stillman, la universidad del boxeo, el mayor centro de conocimientos pugilísticos, desarrolló su oficio día tras día hasta llegar a trabajar con campeones de la talla de Benny Leonard, Jim Braddock, Ezzard Charles, Tony Zale, Kid Gavilan, Sixto Escobar o Barney Ross.
Pero en 1953 ocurre algo que marca su vida. Empieza a colaborar con la cadena de televisión ABC. El sabio organiza veladas para esta emergente cadena, algo que no sienta nada bien al todopoderoso IBC, el Internacional Boxing Club, una organización que durante años ha dominado el boxeo con prácticas monopolísticas y que además estaba fuertemente vinculada a la mafia. Al IBC, no parece gustarle el nuevo trabajo de Arcel.
El 19 de septiembre de 1953, en Boston, volvía de una sinagoga local en la que había estado celebrando el Yom Kippur. Se paró enfrente del Hotel Manger donde un desconocido le golpeó en la cabeza con un tubo de plomo que llevaba escondido en una bolsa de papel. A Ray se lo tuvieron que llevar urgentemente al hospital. Allí, se estuvo debatiendo entre la vida y la muerte durante diecinueve días. Afortunadamente pudo sobrevivir.
Arcel, un hombre justo y decente, en una época marcada por la influencia de la mafia, reconoció a la policía que en varias ocasiones había recibido amenazas. Su boxeo en televisión era un proyecto modesto, pero aún así incomodaba al poderosísimo IBC. Y no se lo perdonaron. Estuvo a punto de perder la vida pero no hubo detenidos por este intento de asesinato. Fue la gota que colmó el vaso. Cansado por muchas cosas que no le gustaban del boxeo, Ray Arcel decide retirarse.
Su amigo, Harry Kessler, que había sido árbitro de muchos campeonatos del mundo, era además el dueño de una próspera compañía metalúrgica, y le ofreció un buen trabajo como responsable de compras. Ahora ganaba más dinero que cuando entrenaba púgiles. Aunque mantuvo el contacto con boxeadores, periodistas y entrenadores, Arcel pasó dieciocho años sin subir a una esquina y sin trabajar en un gimnasio. Dieciocho largos años, alejado del deporte que amaba y que le apasionaba. Dieciocho años que el boxeo se quedó sin las aportaciones del gran maestro, del sabio, del incomparable Ray Arcel.
Pero volverá, y lo hará con mucha fuerza. Todo gracias a la insistencia de Carlos Eleta, un millonario panameño que era el mánager de los más importantes boxeadores de ese país.
En 1972, uno de los boxeadores de Eleta, Alfonso Peppermint Frazer, iba a disputar el campeonato del mundo del superligero ante el intocable argentino Nicolino Locche. Para Eleta era fundamental que su pupilo se proclamara campeón mundial. Por eso, y aun sabiendo que Ray Arcel llevaba 18 años alejado del boxeo, no dudó en llamar al venerable sabio. El mánager panameño conocía muy bien al veterano preparador porque veinticinco años antes le había encomendado a otro boxeador, Federico Plumier. Estaba seguro de que las aportaciones de Arcel serían fundamentales para que Peppermint Frazer lograra destronar al intocable Locche.
La respuesta de Ray Arcel fue clara: “Tengo 73 años y ya no preparo boxeadores, al boxeo sólo voy muy de vez en cuando, tengo un magnífico trabajo y la vida resuelta. Lo siento pero no me interesa.”
Pero la insistencia del manager panameño fue primordial. Y así, fundamentalmente como un favor a su amigo Carlos Eleta, Arcel regresa al boxeo trassu larguísima ausencia. De inmediato se pone manos a la obra.
El viejo Ray viaja a Panamá con su mujer. Pero para poder ayudar a Peppermint Frazer debería primero conocer bien al campeón. Sabía de sobra que Nicolin Locche era un boxeador con unas cualidades defensivas excepcionales, con unos desplazamientos y unas esquivas capaces de poner en ridículo al más certero tirador. Le dijeron además, que el argentino se entrenaba en secreto. El astuto preparador decidió disfrazarse para colarse en el campo de entrenamiento de Locche y poder observar sus sesiones de guanteo.
Arcel pronto descubrió que el campeón argentino tenía una increíble habilidad para tender trampas a sus rivales. Se iba a las cuerdas, provocaba a su oponente y una vez que venía a por él, se zafaba por un lado, se giraba, ponía a su rival contra las cuerdas y es ahí donde más les golpeaba. Comprobó en vivo que, aunque su carrera ya iba tocando a su fin, el campeón del mundo Nicolino Locche era un auténtico maestro.
Pero Arcel no quiere preocupar al aspirante y no le cuenta nada de esto a Frazer. Tan sólo la noche antes del combate se acerca a su nuevo pupilo y le dice: “Olvídate del jab porqué no serías capaz de alcanzarle a Nicolino Locche ni con una ametralladora. Escúchame bien y hazme caso, por extraño que te parezca. En cuanto suene la campana, te vas al centro del ring y tiras el mayor derechazo que hayas tirado nunca. Me da igual que falles. Tú tiras el derechazo. Entonces él te fintará y se irá reculando a las cuerdas. Recuerda, estás boxeando en casa, en tu ciudad, tú eres el héroe delante de 20.000 panameños. Pues bien, si se va a las cuerdas, no le sigas. Tú das un paso atrás, te quedas en el centro del ring y te empiezas a reír de él. Los 20.000 panameños no te lo van a recriminar, porque como te han visto tirar el derechazo del principio, sabrán que has venido a pelear. Así que no lo sigas. Hazle que salga el sólo de las cuerdas. Y si no, tú tranquilo, que esos 20.000 panameños serán los que lo hagan por ti”
Y así fue. Locche se veía obligado a boxear en el centro del ring y Peppermint Frazer consiguió la victoria por puntos en quince asaltos.
Esta vuelta al boxeo, con el triunfo de Pepermint Frazer , ejemplifica un modelo de trabajo: el sagaz entrenador observa detenidamente y descubre cosas que pasan desapercibidas a los demás. Conforme a esos detalles observados, elabora una estrategia y le pasa esta estrategia al pupilo en el momento psicológicamente más adecuado. El pupilo obedece y hace lo que se le dice en el ring, el rival reacciona de la manera que ellos esperaban y gracias a ello se obtiene la victoria.
Arcel había cumplido, había ayudado a su amigo Carlos Eleta. Pero de nuevo el panameño volvió a la carga. Tenía un boxeador especial. Era joven, fuerte y con algo que le hacía distinto a los demás. Un auténtico diamante en bruto. Se llamaba Roberto Durán e iba a disputar el campeonato del mundo del peso ligero. Arcel, con la ayuda de su amigo Freddie Brown, se convertirá en pieza fundamental en el desarrollo de la carrera de Mano de Piedra.
Eleta decía que ningún preparador panameño era capaz de controlar a Durán y meterlo en vereda. Y el propio Mano de Piedra lo sabía, y era él mismo el que pedía a su manager la presencia de los dos veteranos neoyorquinos.
Arcel fue quien diseño la estrategia el día que Roberto Durán se proclamó campeón del mundo ante Ken Buchanan. Pero, al mismo tiempo, sabía que estaba trabajando con un boxeador muy especial. “Nadie le puede enseñar a Roberto Duran a pelear. El primer día que lo vi en Panamá les dije a todos: no le cambiéis el estilo. Dejadle pelear, que él sabe pelear.”
Pero de nuevo la capacidad de estratega de Ray se vio en el combate de Durán ante Esteban de Jesús. Era una revancha. De Jesús era el único boxeador que había derrotado a Roberto Durán. Le ganó a los puntos, pero derribó al panameño en el primer asalto.
El veterano maestro le dijo a su pupilo: “mira, Roberto, en el primer combate, cuando te derribó, tú estabas empezando a sacar la derecha pero se te adelantó con el croché. Y él va a estar esperando que le tires de nuevo esa derecha. Sé que estás dolido y enfadado, con ganas de revancha y que quieres cargártelo lo antes posible. Pero no lo hagas. Boxea, toca y muévete, no te calientes hasta que yo te lo diga”. Y esa noche Durán boxeó como nunca durante diez asaltos. Hasta que finalmente el estratega judío le dice: “Ahora”. Roberto Durán vence el combate por ko en el undécimo asalto.
Pero el momento de mayor gloria para Ray Arcel y Freddie Brown vino con el inolvidable primer enfrentamiento de Roberto Durán con Sugar Ray Leonard. Leonard era el niño mimado del público americano, un boxeador con una velocidad y una clase excepcional. Durán era un feroz y genuino peleador con un gran pegada y un especial instinto contragolpeador.
En la esquina de Sugar Ray estaba el gran Angelo Dundee, el preparador de Mohamed Ali durante casi toda su carrera. Un preparador considerado una leyenda y uno de los más populares de todos los tiempos. Pero no dudo en hacer pública su admiración por los maestros. “Yo aprendí el oficio en los años cuarenta llevándoles el cubo a Ray Arcel y Freddie Brown” dijo con veneración el celebérrimo Dundee.
Una semana antes del combate, los médicos detectan un problema cardíaco de Roberto Duran y se decide suspender el combate. Cuando se lo comunican a Ray Arcel, el preparador dice: “¿Cómo? ¿Que Roberto Duran tiene un problema en el corazón? ¡Pero si ni siquiera tiene corazón! “
Entre Eleta y el gobierno panameño enviaron con urgencia al mejor especialista del país y finalmente se comprobó que Roberto no sufría ningún problema. Pero todas estas circunstancias y preocupaciones afectaron la preparación del púgil y Ray Arcel tuvo que trabajar especialmente la concentración y la motivación.
También se vio su sabiduría en el tratamiento que tuvo con el árbitro. Iba a ser Carlos Padilla. Arcel no estaba contento porque había visto trabajar a Padilla en el combate entre Vito Antuofermo y Alan Mister y se dio cuenta de que era un árbitro que prácticamente no dejaba pelear en la corta, que enseguida cortaba y separaba a los boxeadores. Eso era algo totalmente contrario a los intereses de Roberto Durán. Y Arcel y Brown empezaron su propia campaña en la prensa: “Lo que más nos preocupa es que el árbitro pare las acciones y no deje a Roberto trabajar en el cuerpo a cuerpo. Si esto ocurre, Roberto no podrá hacer su boxeo”. Todos los medios recogieron estas declaraciones.
Y el día del combate, poco antes de empezar, Arcel se fue a ver al árbitro Carlos Padilla a su vestuario y le dijo: “ eres muy buen árbitro, uno de los mejores. Pero tienes que dejarles pelear. Los dos son grandes boxeadores y tienes que dejarles. Y no te olvides que te estará viendo todo el mundo”.
La victoria de Roberto Duran, esa noche, ante Sugar Ray Leonard, fue uno de los momentos de mayor júbilo para el veterano entrenador.
Pero si Roberto Durán le dio grandes alegrías a Arcel, también le dio el mayor disgusto. En 1980, la noche de la revancha entre Mano de Piedra y Sugar Ray . La noche en que, ante la lección que le estaba dando Leonard, que le provocaba y se mofaba de él, Durán se dio la vuelta y abandonó el combate diciendo su tristemente célebre “No más, no más”
Fue la peor noche de Freddie Brown y Ray Arcel. Nunca se lo llegaron a explicar. En los entrenamientos, Durán se había mostrado en un excelente estado. Y jamás se hubieran esperado que un hombre de la fiereza del panameño abandonara de esa manera.
Arcel ya era mayor y anunció su retirada de los cuadriláteros. Su última aparición en una esquina fue para ayudar a Larry Holmes en su victoria ante Gerry Cooney.
Hasta su muerte a los 95 años, en 1994, Arcel siguió siendo una referencia en el mundo del boxeo. Siguió dando entrevistas y era continuamente preguntado cada vez que había un combate importante. Además también dedicó parte de sus medios a un centro para ayudar a exboxeadores con problemas.
En definitiva, toda una vida dedicada al noble arte. Más de dos mil boxeadores pasaron por sus sabias y expertas manos. Trabajó con veintidós campeones mundiales y dejó una huella imborrable en nuestro deporte.
Quién mejor resumió la influencia de Ray Arcel fue Billy Soose, que fue campeón del mundo del peso medio a principios de los años cuarenta: “ Arcel es uno de los mejores hombres que he conocido. No sólo enseñaba boxeo sino también los verdaderos valores de la vida. Fue mi entrenador, mi padre, mi psicólogo, mi maestro, mi amigo y mi mentor”
Bibliografía recomendada:
“ Ringmasters”, Dave Anderson.
“ Corner men”, Ronald K. Fried
“ In this corner”, Peter Heller