LA TRIBUNA
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QUIEN A HIERRO MATA

¿Cuándo se debe decir adiós?. Esta pregunta surge cada cierto tiempo con motivo del declive profesional de una persona y ocurre en todos los ámbitos de la vida.

Los políticos que tuvieron prestigio en algún momento, futbolistas idolatrados, rockeros que se creen atemporales…todos engrosan esta lista. El boxeo no podía ser una excepción, por tratarse de una metáfora de la vida encerrada en 16 cuerdas.

Desde siempre recuerdo esa sensación de lástima por el derrotado cuando, con la vista perdida, intenta simplemente respirar tras un KO. Sin embargo el sentimiento de pena es mucho mayor cuando el derrotado es un mito, o lo fue al menos.

Estoy hablando evidentemente de las dos sonoras “derrotas” que han acaecido en los últimos días. En primer lugar, Joan Guzmán. El “Pequeño Tyson” de Santo Domingo hizo uno de los nulos más increíbles de los últimos años contra el sudafricano Ali Funeka, en el combate de semifondo del Bute vs Andrade, en Canadá.

Guzmán llegó a la velada con visibles carencias físicas. Su físico ya no es lo que era. Su carrera se ha visto trabada por varios problemas, entre ellos el diagnóstico de un cáncer a su madre. Los 2 primeros rounds dieron la impresión que Guzmán no se había ido pero a medida que el combate avanzaba pudo verse claramente a un Guzmán agazapado tras las duras e inteligentes combinaciones de Funeka. Con un corte en la ceja, otro en la mejilla y la nariz sangrando abundantemente llegó hasta el último round. Sus pantalones, blancos de inicio habían dejado paso a un rojo “dolor” que no presagiaba nada bueno. Muy parado de piernas, lento en la esquiva de cintura y de cabeza parecía un rival menor. El crochet de izquierda y recto de derecha de Funeka hizo estragos en su rostro, hasta el punto que nadie hubiera apostado que el combate fuera a llegar a la distancia.

A esta primera sorpresa se le unió la de unas votaciones lisérgicas. Un nulo increíble que me obligó a rebobinar y escuchar de nuevo el veredicto (literalmente). Fue vergonzante ver a un campeón tener que escuchar una sentencia que venía a ser como una palmadita en la espalda de su orgullo. Estoy seguro que Guzmán hubiera preferido perder. Como cuando sabes que tu hermano mayor se está dejando remontar para hacerte sentir mejor y lo que consigue es precisamente lo contrario. Una muesca más en mi imaginario de guerreros caídos. Me viene a la mente el Terry Norris vs Sugar Leonard…Los budistas tienen razón: La Historia es Circular.

El segundo caso es el de Roy Jones Jr. El que fuera uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos ha terminado de dañar su imagen. Después de unos intentos de pelea frente a Omar Sheika y Jeff Lacy tocaba el turno de ir a Australia para pelear contra Danny Green. Roy no llego si quiera al final del primer asalto. Una derecha mordida lo tiró a la lona, de donde se levantó ya sin piernas para ejercer como saco de entrenamiento hasta que el árbitro paró la pelea. Hace unos años Green hubiera sido la guarnición del desayuno de Roy Jones, pero no ahora.

Sólo entrar al ring ya daba la impresión de dejadez. Esos bíceps de ciencia ficción que una vez estuvieron cincelados han dejado paso a otros más redondeados, los abdominales marmóreos de antaño se han convertido en viejos recuerdos, incrustados en un cuerpo que denota el bajón físico y mental del ya ex-campeón.

La presumible revancha contra Hopkins ha quedado aplazada hasta nueva orden. Es decir, hasta que Roy certifique si, esta vez sí, acepta esa plaza en el Hall of Fame, entre los más grandes.

¿Por qué seguir?. La única razón que yo contemplo sería por motivos económicos. El resto son delirios de grandeza, promotores aprovechados o un mal consejero. Quién todo lo ha tenido, nada más necesita, salvo descansar y disfrutar del respeto ganado.

Por otro lado cabe pensar que lo más digno para un boxeador es caer antes de la retirada, a modo de tributo para el nuevo campeón. Sin duda yo me apunto a esta tesis pero ¿cuántas veces cae un campeón de forma honrosa?. Lamentablemente, no muchas. Cuando un campeón pierde, lo suele hace con estrépito y eso daña mucho su imagen. Diferente sería si al caer lo hiciera con la cabeza alta y el orgullo henchido. Como lo hizo Eubank contra Calzaghe, ¡eso si fue una dulce derrota!.

Ojalá estos dos campeones recapaciten y hagan lo más adecuado, no sólo para su imagen sino para su salud y sus familias, como ya hiciera en su momento (a pesar de las críticas) Lennox Lewis.

En el boxeo moderno es imposible repetir otro caso como el de Rocky Marciano pero podemos esperar mayor sabiduría por parte de los púgiles y sobre todo de sus representantes. Que así sea y que nosotros lo veamos.

Antonio García

 

 


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