LA TRIBUNA
Versión para impresora


ECOS DEL HOMENAJE A BARRERA CORPAS


A esa tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida, que también responde por añoranza y nostalgia es la que, desde un primer momento, se apoderó del cronista en el “ring-side” del Palacio de Deportes de Santa Cruz, Allí, rodeado de su esposa, hijos y familiares, se encontraba el homenajeado, Domingo Barrera Corpas, aquel  denominado “Ciclón del Atlántico”, que ahora es brisa por los avatares de un calendario que le ha mermado rigor y tenacidad.

 

         Hacía algún tiempo que, por diferentes motivos, no presenciábamos el ritual nocturno del pugilismo en directo. Pero ahora era obligado estar junto a Corpas para arroparle en su justo homenaje, rúbrica a esa calle que, con su nombre, le han puesto en su localidad natal, Candelaria.

 

         Encomiástica organización que, nos consta, fue muy afanosamente elaborada. No se vio respaldada con el público que se esperaba, pero es que ahora, el fútbol, la televisión y afines, sentencian cualquier cita por muchos méritos que esta atesore.

 

         Al boxeo , concretamente en Tenerife y, en líneas generales, le viene sobrando la estridente y discotequera música y le sigue faltando calidad y personalidad entre el ensogado. Hay que  destacar el denodado esfuerzo de los directivos isleños, pródigos en celebrar veladas en todos los rincones de la Isla, de donde salen, ante esta elogiable actividad, jóvenes valores que luego despuntan en confrontaciones nacionales, aunque aún se busca esa “figura” a cuyo socaire se despierte la deseada “masa de espectadores”.En la aludida velada en homenaje a Corpas, contrastaban los impecables atuendos de nuestro eterno y eficaz maestro de ceremonias, César Fernández Trujillo; y del locutor oficial, Ernesto Zamorano, “pajarita y sobriedad”, con las vestimentas descuidadas y desaliñadas, “ombligos al aire”. de algunos de los preparadores que “aconsejaban” a sus respectivos pupilos. El hábito no hace al monje, pero...

 

         Saltaron al ring seis amateurs y ocho profesionales. Y con la mano en el corazón tenemos que añadir que excepto lo brindado por el peso ligero Zebenzuí García( estilo y preparación física), el welter Alexis Concepción (línea de combate y figura en ciernes) y de “Kid Puerto Cruz”( con su inalterable pundonor de serio y veterano profesional), el resto, y es una opinión muy particular, tenían la vitola de “peleadores y encajadores”, es decir, más corazón que cerebro, más ímpetu que ciencia y más fuerza que habilidad. Y, por cierto, entre los directores de combates alguien se distinguió por un peligroso olvido en lo que se refiere a las “cuentas de protección”, anomalía que, de seguro, le corregirá, con la prontitud deseada, la saga de los Montelongo, que sigue siendo toda una garantía en el arbitraje pugilístico, no solo tinerfeño sino nacional e internacional.

 

         Corpas nunca tuvo temores en su amplia y fructífera carrera boxística ,pero en la noche de su homenaje  casi le dieron un susto de muerte con la pirotecnia  y “humareda” que le brindaron cuando solicitaron su presencia en el cuadrilátero, donde recibió toda clase de felicitaciones y galardones tanto oficiales como privados. Fue precisamente en aquel momento  cuando quien suscribe sintió, de forma más acentuada, el dulce flagelo de la nostalgia, al contemplar, a través de las pantallas de varios televisores de plasma ubicados en el recinto deportivo, el último asalto  que Barrera Corpas, a sus 27 años, sostuvo, el 3 de abril de 1971, y en Buenos Aires, con el argentino Nicolino Locche, por el título mundial de los pesos superligeros.

 

         Ahora, a sus 66 años, Corpas, con evidentes limitaciones locomotrices y mirada húmeda, muy húmeda, observaba, junto a su hijo, y sobre la lona, su lejana y pletórica juventud ante  el bonaerense , que en  aquel postrero y decimoquinto asalto se vio arrollado y desorientado ante la desbordante y trepidante combatividad del isleño, que en aquellos tres últimos minutos de contienda demostró  su auténtica valía, que ya había demostrado en “rounds” anteriores, y que no fue premiada por dos de los tres jueces-todos ellos argentinos- de aquel inolvidable enfrentamiento donde el diálogo de cuerpos lo interpretaba un “Ciclón” y un “Intocable”

 

Antonio Salgado Pérez


© ESPABOX.COM - 2008